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Die Linke: ¿el renacer de la izquierda alemana?

5 septiembre 2009

Die Linke

Astekari Digitala

05/09/2009

En estos tiempos no se presentan muchas ocasiones para escribir sobre algo tan deseable, al menos para el que relata, como el ascenso de la izquierda en el viejo Continente. Y, es que, la verdad esta década hemos asistido con rabia y resignación a la disminución progresiva de las cuentas de resultados, electoralmente hablando, de las izquierdas en Europa.

Pocas son las excepciones que eluden tal circunstancia, y menos las que en términos generales pueden presentar un ascenso tan contundente en términos de apoyo electoral como la que tras las elecciones en 3 estados de Alemania puede presentar Die Linke (La Izquierda).

Sin embargo, el objeto de este artículo no es caer en la vana complacencia, sino entender las características de tal formación, porque ha sido posible tal ascenso en el país germano, y cuales son los retos y dilemas que se le pueden presentar en los próximos meses a Die Linke.

Así pues, lo primero que conviene aclarar para aquel que lo desconozca es cuales son los orígenes, trayectoria, y, proyecto político y programático de la organización de izquierdas alemana.

Die Linke (La Izquierda) nace oficialmente el 16 de Junio del 2007 como fruto de la unidad orgánica y política de dos organizaciones diferentes. De un lado el Linkspartei.PDS, antiguo SED (Partido Socialista Unificado de la RDA) y de otro, el WASG (Alternativa Electoral por el Trabajo y la Justicia Social) escisión del otrora todopoderoso partido socialdemócrata SPD.

Ambas organizaciones acuerdan con anterioridad concurrir juntos a unas elecciones para posteriormente y en la fecha indicada líneas más arriba fusionarse en una única organización.

Tanto el partido liderado por Lothar Bisky y Gregor Gysi (PDS) como el liderado por Oskar Lafontaine (exministro y expresidente del SPD y secretario general del WASG) decidieron entonces alumbrar una nueva organización que partiendo del socialismo democrático fuera capaz de constituir una fuerza presente y determinante en el conjunto de la república de Alemania.

Y no era un reto fácil dado que se trataba de conciliar dos culturas políticas diferentes tanto en origen como en trayectoria. Así, la militancia del Linkspartei.PDS mayoritariamente proveniente del antiguo todopoderoso SED en la Alemania oriental, con fuerte presencia en está y nula actividad y representación en los estados ubicados en la antigua RFA, era una militancia envejecida y muy ligada a una forma de izquierda antigua y nostálgica de algún modo o manera del comunismo del otro lado del telón de acero.

Angela Merkel

Angela Merkel.

Y de otro, la militancia del WASG, muy vinculado y estructurado en torno a la figura de Oskar Lafontaine y que proviene de la escisión de esté en el SPD. Una militancia que se reivindica en los valores de la vieja socialdemocracia y que tiene fuerza y presencia en los sindicatos de la antigua República Federal de Alemania pero que nada tiene en los estados que formaban parte de la RDA.

Por tanto, esta unión concilia dos culturas, la postcomunista y la socialdemócrata clásica y configura al menos sobre el papel un proyecto capaz de mantener su presencia en el conjunto del territorio de Alemania.

Sobre el papel, esta experiencia repite el esquema de otras izquierdas en Europa que decidieron apostar por la unidad de la izquierda desde el respeto a su diversidad en función de un programa común y una estrategia conjunta. Ya lo intento Rifondazione Comunista en Italia, y la misma Izquierda Unida en el estado español.

En la actualidad Die Linke cuenta con alrededor de 80.000 afiliados, en torno a un 75 % proveniente del PDS, un 12 % con origen en el WASG, y en torno a un 13 % que se reparten entre nuevos afiliados sin militancia previa, y militantes de pequeños grupos como Izquierda Anticapitalista e Izquierda Socialista.

En un origen, su pegamento ideológico se sustentaba fundamentalmente en una apuesta por la redistribución de la riqueza, el cuestionamiento del modelo neoliberal, la apuesta por un marcado antimilitarismo que les lleva a oponerse a la errática línea llevada a cabo por el gobierno alemán en lo relativo al envío de tropas a diferentes lugares del planeta, y su propia presencia en la OTAN.

En la actualidad, y tras el congreso celebrado los pasados 20 y 21 de Junio, se puede decir que Die Linke cuenta con un amplio programa político basado en el socialismo democrático y la superación del sistema capitalista, con un notable grado de desarrollo en sus diferentes apartados.

Oskar Lafontaine

Oskar Lafontaine.

Y, esta organización se ha puesto de moda entre los círculos izquierdistas con mas fuerza que antes, a tenor de sus excelentes resultados en las elecciones del pasado domingo en tres estados y de los previsibles buenos resultados que pueda obtener en las elecciones al bundestag (parlamento alemán) a celebrar el próximo 27 de septiembre.

Los resultados obtenidos en los estados de Turingia, Sarre y Sajonia están por encima de las previsiones más optimistas, y permiten ver con claridad por ver primera la implantación, más o menos homogénea de Die Linke en el conjunto del país. Una circunstancia que no se producía en la izquierda desde que, con la llegada al poder del Partido Nazi, se ilegalizara a toda la izquierda.

Así, el segundo lugar obtenido por Die Linke tras la CDU de Merkel en los estados del este de Turingia (25%) y Sajonia (20´6%) y por delante del SPD, unido al excelente resultado de Lafontaine como candidato en el estado del oeste, Sarre (20´3%) consolidan un mapa político en Alemania que pasa de los cuatro partidos establecidos (CDU, SPD, FDP y Verdes) a uno de cinco con Die Linke entre ellas y no precisamente en último lugar.

Pero más que eso, permite a esta organización de izquierdas soñar con la posibilidad de acceder a los gobiernos de al menos dos estados, uno en el oeste, Sarre, y otro en el este, Turingia.

Y, aquí se puede esconder la clave de su éxito o su fracaso en los tiempos venideros. Dicho de otro modo, de cómo interpreten el sentir y el deseo de su electorado ante entrar a gobernar o no con el SPD y unos verdes, cada vez menos verdes, dependerá en buena medida que este experiencia de la izquierda se consolide o por el contrario se desvanezca como le ha ocurrido a sus homólogos europeos antes mencionados.

Por fortuna para Die Linke, no todo depende de su acierto o error en la toma de esta trascendental decisión, dado que el SPD y Die Grunnen (Los Verdes) ya han manifestado su oposición frontal a participar de un gobierno con Die Linke, reeditando así junto a la derecha alemana una campaña anticomunista desde las vísceras.

Junto con el fácil recurso a esta situación, las gentes del SPD, un partido de centro que renuncia al marxismo con el programa de Bad Godesberg en 1959, no perdona la escisión de Lafontaine y allá donde puede le acusa de tránsfuga. Curioso esto, porque Oskar Lafontaine que se escinde por la izquierda del SPD es considerado un tránsfuga y sin embargo a la mismísima canciller Angela Merkel, que tiene orígenes políticos en las juventudes del PDS nadie se atreve a catalogarla del mismo modo que al dirigente de la formación de izquierdas.

Pero, desde mi punto de vista, lo que realmente frena al SPD a cerrar acuerdos en los gobiernos de dichos estados con Die Linke no radica en los elementos antes mencionados. Cabe recordar que en Berlín gobiernan ambos partidos, y dicho sea de paso la experiencia para la izquierda no es precisamente ilusionante. El verdadero motivo de esta negativa se esconde en el cálculo electoral puro y duro.

Y es que, la irrupción de Die Linke, va a hacer difícil a la CDU de Merkel alcanzar la ansiada mayoría para gobernar en coalición con el FPD, y ahí el SPD recupera la expectativa de poder reeditar el gobierno que sostiene con la formación de derechas, CDU.

Por esa razón, el SPD no está en disposición de conformar gobiernos en algunos estados que pongan en riesgo su posibilidad de seguir en el gobierno federal.

Y a todo esto, los verdes siguiendo su deriva irrefrenable esperando a ver si tienen algún resquicio para entrar en uno u otro gobierno, y es que poco queda de aquel partido que en los años 80 irrumpió en la escena política como portavoz de los nuevos movimientos sociales. Ahora ya ni cuestionar la lógica militar y militarista, ni la agenda neoliberal de los gobiernos de Schröeder o Merkel, dado que del primero formaron parte durante 8 años.

Monumento a los judíos de Europa asesinados.

Monumento a los judíos de Europa asesinados.

Así el panorama para ocupar la centralidad del espacio de la izquierda en Alemania una vez constatadas la dejadez tanto del SPD como de los verdes, debiera de ser el principal motivo de acción de Die Linke. Y este objetivo debiera de estar muy por encima de la posibilidad de entrar a uno u otro gobierno. Porque de la consecución de este objetivo depende en buena medida la articulación de una izquierda en Europa potente y renovada.

La posibilidad de ocupar esa centralidad es aun más plausible, de hecho en buena medida justifican el ascenso de Die Linke, por la actual situación económica de la República Alemana.

Una situación económica que constata, hasta el periódico Stern, hace que un 10% de la población detente mas del 60% de la riqueza del país, o que más del 18% de los alemanes vivan por debajo del umbral de la pobreza. O que la manera que ha encontrado el gobierno neoliberal alemán para reactivar su economía sea la de transformar empleo estable por otro a tiempo parcial y con contratos sin derecho a indemnización por despido, y sin derecho a percibir salario básico.

Todo esto en una Alemania donde en algunos estados, como Renania, se están cerrando del orden de 10 empresas por semana, algunas de ellas de gran peso en la comunidad germana.

Por todo ello, es necesario que Die Linke sopese bien sus movimientos, fortalezca su relación con los movimientos de masas sin desviar la perspectiva de clase y ofrezca alternativas que sitúen el debate en el modelo social, en el reparto de la riqueza, en la nacionalización de la banca y sectores estratégicos y la participación de la sociedad civil en la gestión de los recursos y en la toma de decisiones.

De ahí arrancan mis recelos, ante la eventual colaboración con el SPD, en el riesgo de que su posibilidad de arremeter profundos cambios en la política económica y social desde los gobiernos a los que pudiera acceder sea mucho menor que la de articular una izquierda fuerte, arraigada y renovada que sirva de ejemplo para otras en otros países.

Y digo esto, desde la evidencia de las diferencias con nuestra propia realidad. Para quien de estas líneas haya extraído la conclusión de la extrapolación mimética al estado español, decirles que se equivocan. Que la experiencia equiparable ya se realizo en el año 1986, y gozó de su mejor momento mediados los 90. Se llamaba Izquierda Unida, y muchos de los riesgos que veo a Die Linke los abordó IU, y por desgracia para todos y todas, no ha salido muy bien parada.

Pero es que ni la derecha es equiparable. Allí Angela Merkel hablando del holocausto y del negro periodo nazi se ha atrevido a decir cosas que aquí el PP jamás ha pensado que tuviera que decir, ni piensa hacerlo. No, señores, aquí niegan el exterminio posterior a la guerra civil, los paseíllos, y el genocidio puesto en práctica por el dictador Franco. Sí, serán muy cuadrados los alemanes pensando, pero por lo menos piensan, hasta los de derechas. Un saludo y hasta la semana que viene.

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